La diferencia entre vivirlo y soñarlo (3)

Ahí van las cosas. Piensas que sería buena idea comprar una casa en Rio, eventualmente, porque por ahora podría ser un gasto innecesario, muy precipitado.

Mejor te gustaría investigar cómo está el mercado inmobiliario, tantear los costos y los niveles de vida de los barrios. Después de todo, te gustaría vivir en una gran casa, en la que quepa toda tu familia, y las amistades cuando te visiten.

Puede ser una linda casa con vista al océano, para que veas los más lindos atardeceres de tu vida, mientras te tomas una copa de vino espumoso y escuchas un buen disco de bossa nova.

Vienes pensando todo esto mientras vuelas con tu esposa, y la azafata te ofrece algo de caviar. Regresas en el jet con tu esposa. En Rio te han tratado muy bien. Has ido tantas veces a ese hotel con vista a Copacabana que ya todos te conocen, haz disfrutado de los mejores casinos y los mejores sitios de apuestas.

Algunas chicas te suelen mirar intrigadas por tu figura exótica, y esto te halaga, más allá de que no harás nada al respecto. Los mozos y en los casinos te llaman por tu nombre. Y buenos días para esto, y buenas tardes para aquello.

Y al desayuno, tu jugo de naranja, y tu diario. Y en las páginas del centro: el ganador de la lotería. Pero no eres tú, y tú estás sentado en un banco de la plaza, mirando a los niños jugar.

Revisas tu billetera y no hay ticket. Esta es la diferencia entre vivirlo y soñarlo